Los perros desempeñan funciones en los sistemas ganaderos, como la protección de rebaños y control de depredadores1. Sin embargo, la estrecha interacción entre perros y ovejas favorece la transmisión parasitaria, entre ellas las causadas por cestodos como Taenia hydatigena, donde el perro es el hospedador definitivo y las ovejas los intermediarios, albergando el metacestodo tradicionalmente denominado Cysticercus tenuicollis2. Esta infección ocasiona pérdidas económicas debido al daño al hospedador y al decomiso de órganos afectados durante el sacrificio3. Existen pocos estudios sobre la infección por Taenia spp. en perros del norte de México. El primer reporte en perros callejeros de Mexicali documentó una prevalencia del 3.9 %4. Posteriormente, se reportó una prevalencia de 6.79 % en perros callejeros del Valle de Mexicali, donde T. hydatigena fue la especie más frecuente5. Sin embargo, los hospedadores intermediarios en la región aún no han sido identificados, aunque en otras regiones las ovejas constituyen uno de los principales hospedadores intermediarios6.
La producción ovina en el Valle de Mexicali se realiza principalmente en pequeñas unidades de producción. En 2019 se produjeron 177 toneladas de carne ovina en Baja California, de las cuales el 60 % provinieron del Valle de Mexicali7. Algunos productores han reportado la presencia de cisticercos en ovinos sacrificados. Este estudio tuvo como objetivo detectar el metacestodo de T. hydatigena en ovinos de dos unidades de producción, estimar su frecuencia, determinar los principales tejidos afectados y explorar posibles factores asociados con la infección en el Valle de Mexicali, Baja California, México.
Se realizó un estudio transversal en dos unidades de producción ovina (UPO), del Valle de Mexicali, Baja California, encontrándose en el noroeste de México y al sur de la frontera con Estados Unidos. La UPO-1 y la UPO-2 están separadas por 37 km. Estas unidades son pequeñas, donde los ovinos se manejan en corrales cerca de la casa principal y pastan en pastizales cercanos. Ambas UPO cuentan con perros, para la protección de las ovejas. El muestreo se realizó durante 13 meses (noviembre de 2021 a diciembre de 2022) y correspondió a un muestreo no paramétrico por conveniencia. Durante este periodo se incluyeron todos los ovinos sacrificados por decisión de los productores para consumo local, por lo que la selección de animales no fue aleatoria. Se estudió un total de 91 ovinos, se registró el sexo y la edad fue determinada a partir de la evaluación de sus piezas dentarias8, clasificándolos en menores de 3 años y mayores de 3 años. Todos los animales se sacrificaron dentro de las unidades de producción en áreas designadas por los productores; esto es debido a que Mexicali carece de un rastro certificado para esta especie. Los procedimientos de manejo animal se realizaron de acuerdo con la norma nacional NOM-033-SAG/ZOO-2014 y adicionalmente fueron aprobados los procedimientos por el Comité Institucional de Ética Animal (número de referencia: CEEIP-201-12-2024-2), perteneciente al Instituto de Investigaciones en Ciencias Veterinarias (IICV) de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).
Una vez sacrificados, los ovinos se sometieron a una inspección postmortem sistemática de los órganos y tejidos de las cavidades abdominal y torácica, mediante examen visual y palpación, con el fin de identificar la presencia de metacestodos compatibles con Taenia hydatigena. Las vísceras que presentaron cisticercos se confiscaron y almacenaron en alcohol al 70%. Todas las muestras se enviaron al laboratorio de Parasitología del IICV de la UABC para su análisis. Para la clasificación morfológica de los cisticercos, los especímenes se colocaron en placas de Petri, se tiñeron con eosina y se examinaron con un estereoscopio (Figura 1). El metacestodo de T. hydatigena se caracteriza por tener una pared blanca, delgada y transparente, un solo escólex pequeño que cuelga o se adhiere a la superficie del quiste de forma ovalada, la presencia de líquido acuoso y un escólex equipado con cuatro ventosas y un rostelo rodeado por dos filas de ganchos9. Para confirmar el diagnóstico morfológico, se extrajo ADN de una muestra de cisticerco utilizando el DNeasy Blood & Tissue Kit (QIAGEN). Posterior a la extracción, se realizó una reacción en cadena de la polimerasa (PCR) de punto final para amplificar un fragmento de 446 pares de bases (pb) del gen mitocondrial de la subunidad 1 del citocromo c oxidasa (mt-CO1)10. El producto de PCR se separó en un gel de agarosa al 1.5%, teñido con bromuro de etidio y se visualizó el fragmento utilizando un transiluminador UV. Además, el producto de la PCR se purificó y se envió al laboratorio Secoya Labs para su secuenciación. La secuencia se comparó con las secuencias disponibles en GenBank utilizando la herramienta BLAST.

Los análisis estadísticos se realizaron mediante el programa Statistix® versión 10. Se realizó estadística descriptiva para determinar la frecuencia general y especifica por UPO, edad, sexo y frecuencia de tejidos/órganos afectados por cisticercos. Posteriormente, se realizó un análisis de regresión logística binaria para evaluar la asociación entre la presencia del metacestodo de Taenia hydatigena (variable dependiente) y las variables unidad de producción ovina (UPO-1/UPO-2), sexo (macho/hembra) y edad (<3 años/≥3 años), consideradas como variables independientes. Se estimaron Odds Ratios crudos (OR), intervalos de confianza al 95% (IC95%) y valores de probabilidad (P); se consideró significancia estadística cuando P<0.05.
La frecuencia general fue del 81.3 % (74/91), la secuencia obtenida mostró un 100 % de identidad con secuencias de T. hydatigena disponibles en GenBank, con los siguientes números de acceso: MT459965.1, JQ710623.1 y MT086500.1. No se identificaron asociaciones entres las variables analizadas y la infección por el metacestodo (Cuadro 1). La frecuencia para la UPO-1 fue del 83.3 % (65/78) y para la UPO-2 fue del 69.2 % (9/13) (P= 0.23). Las hembras tuvieron una frecuencia del 88.3% (38/43), y los machos del 75 % (36/48) (P= 0.10). En los ovinos menores de tres años, la frecuencia fue del 76.2 % (45/59) y en los mayores de tres años del 90.6 % (29/32) (P= 0.06).
| Variable | Positivo (%) | N | OR | IC 95% | P |
|---|---|---|---|---|---|
| Unidad producción ovina (UPO) | |||||
| UPO-1 | 65 (83.3) | 78 | 2.22 | 0.59 - 8.31 | 0.23 |
| UPO-2 | 9 (69.2) | 13 | |||
| Sexo | |||||
| Hembra | 38 (88.3) | 43 | 2.5 | 0.81 - 7.90 | 0.10 |
| Macho | 36 (75) | 48 | |||
| Edad | |||||
| > 3 años | 29 (90.6) | 32 | 3 | 0.79 - 11.38 | 0.09 |
| < 3 años | 45 (76.2) | 59 |
Los cisticercos se presentaron en diversos tejidos (Cuadro 2). El 71.6 % (53/74) de los animales positivos presentó cisticercos en un solo tejido/órgano, el 24.3 % (18/74) en dos tejidos/órganos y el 4 % (3/74) presentó en tres o más tejidos/órganos afectados. Los tejidos/órganos donde se presentó mayor frecuencia de este parásito fueron el mesenterio (39 %), seguido por el hígado (22 %) y el rumen (12 %).
| Tejidos/Órganos | n (%) |
|---|---|
| Mesenterio | 39 (39) |
| Hígado | 22 (22) |
| Rumen | 12 (12) |
| Omento | 9 (9) |
| Abomaso | 4 (4) |
| Útero | 3 (3) |
| Cavidad abdominal | 3 (2) |
| Vejiga | 2 (2) |
| Diafragma | 2 (2) |
| Cavidad torácica | 1 (1) |
| Omaso | 1 (1) |
| Intestino delgado | 1 (1) |
| Recto | 1 (1) |
| Total | 100 (100) |
Este es el primer estudio que reporta la presencia de infección por el metacestodo de T. hydatigena en ovinos en el Noroeste de México. Estudios realizados en otros países informan frecuencias que oscilan entre el 0.6 % y el 83.3 %6. La frecuencia observada en las UPO-1 y UPO-2 se encuentra entre las más altas reportadas internacionalmente. Esta situación podría estar relacionada con diversas condiciones que favorecen el mantenimiento del ciclo biológico de T. hydatigena en la región, entre ellas el acceso de los perros a vísceras de ovinos sacrificados, la ausencia de rastros certificados para ovinos en Mexicali y la presencia de perros callejeros infectados con T. hydatigena previamente documentada en el Valle de Mexicali5. Estos factores podrían contribuir a la contaminación ambiental con huevos del parásito y favorecer la exposición continua de los ovinos. Sin embargo, esta hipótesis deberá confirmarse mediante estudios que evalúen directamente la infección en perros y los factores de riesgo asociados a la transmisión.
Con respecto a los factores evaluados, los resultados coinciden con un metaanálisis realizado principalmente en el trópico africano, donde se observó una mayor proporción de infección por el metacestodo de T. hydatigena en pequeños rumiantes adultos (2.9-83.17 %) que en animales jóvenes (2.7-61.79 %), atribuida a una mayor exposición acumulada durante su vida. Asimismo, las hembras (0.96-71.42 %) presentaron mayor frecuencia que los machos (2.3-72.53 %), lo que se ha relacionado con el estrés fisiológico asociado al parto y la lactancia11. Aunque en el presente estudio no se identificaron asociaciones estadísticamente significativas entre la infección y las variables evaluadas, las frecuencias observadas siguieron una tendencia similar a la descrita en dicho metaanálisis. Estos resultados deben interpretarse con cautela, ya que una limitación del estudio fue el reducido tamaño de muestra, derivado de la naturaleza de las unidades de producción evaluadas y de la dificultad para incorporar un mayor número de productores.
El metacestodo se encontró principalmente en mesenterio, hígado y rumen, lo que coincide con lo reportado en estudios realizados en Brasil y Egipto6,12. También se detectaron cisticercos en el útero; aunque esta localización no parece representar un riesgo para el feto, se ha sugerido una posible transmisión por esta vía en un cordero de siete días de edad13. Además de sus implicaciones sanitarias, este parásito genera pérdidas económicas por la confiscación de órganos afectados. En Italia se han estimado pérdidas anuales cercanas a 350,000 dólares estadounidenses y, en Inglaterra, superiores a 600,000 dólares por el decomiso de hígados3,14.
Para interrumpir el ciclo de este parásito, es necesario evitar que los perros consuman vísceras infectadas y llevar a cabo estrictos programas de desparasitación, ya que se ha demostrado que Taenia spp. puede persistir en el intestino durante varios años15. Además, en Mexicali se ha documentado la presencia de T. hydatigena en perros callejeros, lo que contribuye al ciclo de transmisión5; estos animales deambulan libremente, excretando proglótidos que contaminan pastos, forrajes, agua y bebederos16. Por otro lado, las extremas condiciones desérticas de la región noroeste no afectan la viabilidad de los huevos de T. hydatigena, se ha observado que pueden resistir temperaturas de hasta 50 °C in vitro17.
Entre las principales limitaciones del estudio se encuentran el reducido número de unidades de producción evaluadas y el empleo de un muestreo por conveniencia, lo que limita la extrapolación de los resultados a otras explotaciones ovinas de la región. Asimismo, la confirmación molecular se realizó en un único metacestodo seleccionado para secuenciación, por lo que la identificación genética no fue corroborada individualmente en todos los especímenes recuperados. No obstante, los metacestodos observados presentaron características morfológicas homogéneas compatibles con Taenia hydatigena y no se detectaron evidencias de otros cestodos durante la inspección postmortem. Finalmente, no se evaluó la infección en perros ni se registró el número de metacestodos por hospedador, por lo que no fue posible analizar la intensidad de infección ni establecer asociaciones directas con posibles fuentes de exposición.
Este estudio documenta por primera vez la presencia del metacestodo de Taenia hydatigena en ovinos del noroeste de México, con una frecuencia del 81.3% en las unidades de producción evaluadas. La alta frecuencia observada sugiere que en la región existen condiciones favorables para el mantenimiento del ciclo biológico de este parásito, lo que podría generar pérdidas económicas asociadas al decomiso de órganos afectados. Considerando la presencia previamente documentada de T. hydatigena en perros callejeros de Mexicali, así como las prácticas locales de sacrificio y disposición de vísceras, resulta necesario fortalecer las medidas de control sanitario y evaluar la factibilidad de contar con infraestructura adecuada para el sacrificio de pequeños rumiantes. Asimismo, se requieren estudios adicionales para determinar la magnitud de esta parasitosis en otras explotaciones pecuarias e identificar los factores de riesgo asociados con su transmisión.